El placer de tocar y oler un libro de papel

El placer de tocar y oler un libroComentaba en un programa de radio el astronauta español Pedro Duque, a propósito del estreno de la película Gravity, que hasta en la nave Soyuz existe un manual de instrucciones impreso. Por lo que parece la última tecnología espacial no está reñida con la facilidad y utilidad indudable que en un momento de pánico -¡Horror, están fallando los dispositivos electrónicos de a  bordo!- puede suponer tener a mano el manual en papel (eso sí, no quiero ni imaginar el tocho). La sofisticación electrónica puede fallar en cualquier momento, comentaba el astronauta, y deja paso a lo de toda la vida ya se trate de una lavadora, un reproductor de dvd o una nave espacial.

Este curioso ejemplo de la coexistencia que hoy en día sigue habiendo  entre la tecnología punta y el clásico libro en papel, me llamó la atención por la sencillez de la cuestión: por muy avanzada que sea la sociedad, volvemos a lo conocido.

 

El placer de pasar página

La cuestión del libro digital suena con fuerza estos días al hablar de la evolución de las editoriales y de las nuevas formas de adaptarse a los tiempos y satisfacer las necesidades de un lector “móvil” y permanentemente “enchufado”. Desde luego poder viajar con la biblioteca digital a cuestas es un avance increíble. No niego lo ventajoso del asunto aunque, personalmente, me cuesta imaginar mis estanterías vacías de libros, mi mesilla  de noche sin esa pila de lecturas pendientes propias o prestadas, o perderme la complicidad que otorga poder dedicar de tu puño y letra un libro que regalas con toda la intención del mundo. No quiero renunciar a eso, ni al placer tocar y oler un libro de papel; me niego a renunciar al placer de pasar página.

A propósito de esta cuestión y durante el VI Congreso Internacional de la Lengua Española,  celebrado en noviembre de 2013 en Panamá, el escritor peruano Mario Vargas Llosa  comentaba: “Temo que si se produce una batalla a muerte entre los libros digitales y los libros de papel, estos últimos queden arrinconados, pasen a las catacumbas”, y se refirió a la “literatura de pantalla” como aquélla superficial y propagadora del conformismo. Desde luego la frase asusta y en mi opinión no le falta razón…las máquinas se hacen dueñas del ser humano que las ha creado…

El empacho digital está servido

Sin querer dramatizar la cuestión hasta ese punto sí que es cierto que estamos viviendo una época de “empacho digital” sin límites que, por un lado nos hace la vida más sencilla y nos ofrece  nuevas puertas antes inimaginables para desarrollar nuestra creatividad, pero a la vez nos aliena y aísla. Considero que la clave está en que cada uno sepa administrar la dosis que necesita para estar a gusto y no convertirse en esclavo de la tecnología.

Volviendo a los libros no creo que me acabe cautivando lo “cómodo y práctico” -según me comentan algunos nuevos enganchados- que resulta leer tu novela preferida, transformada en e-novela, en tu flamante kindle, iPad o artefacto similar mientras vas en el metro o haces cola en el dentista. Lo respeto pero soy una clásica en ese aspecto. Seguiré regalando libros o siendo feliz cuando me los regalan y si no, siempre quedarán las bibliotecas públicas (al menos eso espero) o los café-librería.